Reflexión para Febrero de 2019

Por la Hermana Margo Young, C.PP.S., M.D.

Como Hermana de la Preciosa Sangre, el amor redentor de Jesús me llena y es la fuente de donde mi vida fluye. Me conozco que estoy llamado por Dios para que me convierta de SER la presencia viva y amorosa de Jesús, el Cristo, para los demás. Jesús nos mira al otro con amor y respeto, llamándonos a ser una persona con mayor integridad y bienestar. Él caminó entre los quienes estaba burlados y marginados por el establecimiento, liberándolos para que se conocieran como amados del Dios y llamados a ser Más. Estoy llamado a caminar por el mismo camino que mantiene a cada persona como preciosa en la vista de Dios, donde nadie está fuera del amor de Dios y cada persona tiene la responsabilidad de cuidar al otro.

Como educador, consejero, compañero espiritual y médico, busco traer sanación e integridad en el caminar de respeto mutuo y compasión con el pueblo de Dios. Siento atraída ir a los márgenes, yo abrazo apasionadamente a los más necesitados, ya sean personas sin hogar, indocumentados, VIH positivos, transgénero o enfermos mentales. Ruego a Dios para que mi presencia no juzgue pero manifieste el amor incondicional de Dios, buscando ser ambos un signo y un llamado a la tolerancia, la inclusión y la unidad en medio de la diversidad. De esta manera, todos estamos más completos, la vida se vive más plena y el Reino se realiza en medio de nosotros.

Sean D. Sammon en “Religious Life Reimagined” afirma que el Papa Pablo VI definió que el carisma de la vida religiosa es “identificada con los signos de su presencia: iniciativas atrevidas, constancia en la entrega de sí mismo, humildad para soportar las adversidades, fidelidad al Señor, una respuesta valiente a las necesidades del día y la voluntad de ser parte de la iglesia.” También afirmó que” los grupos con una fuerte identidad organizacional representan algo: ya tienen un carácter.”

Yo reflexiona todo esto en el contexto de una crisis masiva de refugiados e inmigrantes, ataques terroristas sin sentido, creciente de traficante humana, aumento de la falta de vivienda, violencia y asesinato de personas de color, una creciente xenofobia y una polarización generalizada. Y me pregunto: “¿Dónde está nuestra carácter organizacional? ¿Dónde están nuestras iniciativas atrevidas y nuestra respuesta valiente a las necesidades más urgentes hoy en día? ¿A dónde estamos poniendo en juego nuestra espiritualidad y carisma de la Espiritualidad de la Preciosa Sangre?

La Eucaristía es central a la Espiritualidad de la Preciosa Sangre. Para mí, la Eucaristía y la Adoración Eucarística no significan nada si no se viva en las calles, y ambas dimensiones informen, enriquezcan y sostengan una al otro. En la Eucaristía nos convertimos en lo que celebramos: amor incondicional quebrantado y compartido. Ruego a Dios para que me convierte en lo que consumo.

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